2017-08-20

PATOLOGÍA : Tratamiento de la lengua negra vellosa


Debido al delicado equilibrio de la flora de la cavidad bucal y a la facilidad con que factores endógenos y exógenos pueden perturbar dicho equilibrio, es esperable que en estos tejidos se observen una variedad prácticamente ilimitada de manifestaciones de patologías locales y generales.

Existen muchas razones diferentes para los cambios en la función y apariencia de la lengua.

Pueden ser causados por daño a las papilas gustativas, por problemas neurológicos, por efectos secundarios de medicamentos, por una infección y por otras causas mucho menos frecuentes.

La lengua pilosa es generalmente predecesora de la lengua negra vellosa y se trata de un cuadro habitual que consiste en la exageración de la longitud y el espesor de las papilas filiformes.

Vea también: Consideraciones anestésicas en cirugía maxilofacial


Está asociada con cuadros que enlentecen la pérdida de escamas superficiales de los extremos. La lengua pilosa puede evolucionar a una lengua negra vellosa en los casos en que se deposita algún pigmento sobre ella.

La pigmentación se origina probablemente por la absorción de pigmentos exógenos provenientes de los alimentos o del tabaco, o por el sobrecrecimiento de cepas de microorganismos productores de pigmento.

La lengua negra vellosa es una condición que se observa en el dorso de la lengua por delante de la “V” lingual. A pesar de que, por lo general, el cuadro es asintomático, a veces está relacionado con gusto desagradable o sensación de náuseas al deglutir.

La lengua negra vellosa y la lengua pilosa pueden ser tratadas con medidas locales, como mejorar la higiene, enjuagues bucales con colutorios antimicrobianos suaves y frecuentes cepillados de la región dorsal para desprender el material adherente.

De todas formas el cuadro remite de manera espontánea a medida que se eliminan los factores predisponentes, y la función oral y la flora normal se reestablecen.

POSIBLES CAUSAS DE LA LENGUA VELLOSA:
• SIDA. • Terapia antibiótica. • Consumo de café. • Aditivos en medicamentos o alimentos. • Trastornos médicos crónicos. • Uso excesivo de enjuagues bucales que contienen agentes oxidantes o astringentes. • Irradiación de la cabeza o del cuello. • Consumo de tabaco.

° María Carolina Baztán, Mariana Franco, Paula Enz y Ricardo Galimberti




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